Hoy
conmemoramos el 25 de
noviembre, Día
Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Y
no es un día cualquiera.
Es el día en que el silencio se
rompe,
el día en que decimos con el alma: “basta
ya.”
Este día nació por ellas, por las
hermanas Mirabal,
las Mariposas,
tres mujeres valientes de República Dominicana que fueron asesinadas
en 1960 por enfrentarse a la dictadura de Rafael Trujillo.
Las
mataron por no callarse,
por soñar con un país justo,
y
su voz encendió la llama que hoy sigue viva en cada mujer que se
levanta.
La violencia de género no empezó
ayer.
Ha estado siempre ahí, en las casas, en los pasillos, en
los miedos...
Pero también ha estado la fuerza: la de las
mujeres que dijeron “no”,
que se plantaron, que rompieron
cadenas aunque les doliera.
Almudena Grandes recordaba que:
“El feminismo no es solo una lucha, es memoria, es dignidad, es no permitir que el mundo olvide lo que nos han hecho sufrir.”
Todas conocemos alguna historia.
Una
vecina, una prima, una amiga…
Y cada vez que una mujer sufre
maltrato, nos duele a todas.
Porque detrás de cada caso hay
madres que lloran, hijos que preguntan por qué se ha ido su madre,
familias que sienten un vacío imposible de llenar.
A lo largo de los años, nombres
propios nos han dolido como cuchillos:
Ana
Orantes, asesinada días
después de contar su historia en televisión;
Marta
del Castillo, arrebatada
por la brutalidad de quienes no respetan la vida de una mujer;
Laura
Luelmo, Rocío
Caíz, María
Pilar Berrio… todas
víctimas por el simple hecho de ser
mujeres, por salir solas,
por existir sin permiso de quienes quisieron controlarlas.
Cada pérdida deja un dolor que cala
en madres, hijos e hijas, un vacío imposible de cerrar.
Nos
recuerda que la violencia de género no solo arrebata vidas, sino que
marca para siempre a
quienes amaban a esas mujeres.
Marina Heredia canta con el corazón sobre el miedo y la valentía:
“No hay cante más hondo que el del miedo, ni más valiente que el del que se rompe y sigue cantando.”
Por eso seguimos cantando.
Por
las que ya no pueden.
Por las que hoy aún no se atreven.
Y
por las niñas y niños que vienen detrás, para que crezcan sabiendo
que nadie tiene derecho a hacerles daño.
María Jiménez convirtió el dolor en un grito de libertad:
“Se acabó. Porque yo me lo propuse, y sufrí. Como nadie había sufrido, y mi piel se quedó vacía y sola, desahuciada en el olvido.”
Ese “se acabó” se convirtió en himno, en bandera, en el eco de todas las que decidieron vivir libres, sin miedo, sin culpa, sin permiso.
Lola Flores nos dejó un mensaje que sigue vigente y que nos recuerda el valor de la dignidad y los límites:
“No se puede aguantar lo que no se debe aguantar.”
Porque la vida de una mujer no se suplica, se defiende, y el amor que duele no es amor, es miedo.
En esa misma línea, Elvira Lindo nos advierte sobre la responsabilidad de la sociedad:
“Una sociedad que protege a los agresores y silencia a las víctimas, nunca será una sociedad libre.”
Por eso no podemos callar; cada voz que se alza es un paso hacia la justicia y la protección de quienes más lo necesitan.
Y, para reforzar la idea de que la igualdad es un derecho irrenunciable, Amelia Valcárcel nos recuerda:
“La igualdad no es un regalo ni un favor; es un derecho. Y defenderlo implica valentía, conciencia y acción.”
Estas palabras nos empujan a no resignarnos, a actuar y a mantener viva la lucha por un mundo donde ninguna mujer tenga que sufrir violencia o miedo.
El 25 de noviembre no es un día de
tristeza.
Es un día de coraje, de memoria y de esperanza.
Un
día para mirar al futuro con la frente en alto,
para gritar que
vivir sin miedo no debería ser un privilegio, sino un derecho.
Porque la libertad no se pide: se vive, se defiende y se grita.
Ni una menos. Ni una más. Vivas, libres y sin miedo.
Y para cerrar, que suene la voz clara y valiente de Gloria Fuertes:
“Mujer de verso en
pecho,
valiente por necesidad,
fui más fuerte de lo que
quisieron,
más libre de lo que esperaban,
más viva de
lo que pensaban.”
Gloria
Fuertes, “Mujer de verso en pecho”
Porque somos voz, somos vida, somos fuerza y lucha…
Somos
memoria.
Y
aunque quieran callarnos,
seguiremos gritando fuerte: Vivas y
libres.
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